Los verdaderos dueños del país eran los
patroncitos chulos del extranjero y ellos tenían a su servicio a un grupo de
pordioseros de lujo para mantener a la raya al resto de los pordioseros.
Estos pordioseros de lujo vivían, tragaban,
y chupaban como reyes. Pero al final
siempre eran pordioseros y le tenían que andar besando los tompiates a los
patroncitos extranjeros para que les dieran sus limosnas. Ah, pero eso sí, estos pordioseros de lujo
eran implacables y duros y crueles al tratar al resto de los pordioseros.
Para justificarles su hambre y pobreza a
los pordioseros les programaban que ansina lo quería Diosito y que era bueno que
vivieran en la pobreza pues todos sus sufrimientos serian recompensados cuando se
murieran (sobre todo si se morían de hambre).
Y como los pordioseros así habían sido educados aceptaban todo eso sin
chistar. Si, los pordioseros aceptaban
sin protesta que era natural que ellos fueran pobres y que los patroncitos
chulos extranjeros vivieran en la abundancia.
Para justificarles que los patroncitos
chulos extranjeros estaban mamando sabroso de la teta de la riqueza del país
les decían a los pordioseros que era porque los patroncitos eran chulos e
inteligentes y los pordioseros eran unos indios feos y pendejos. O sea, ¡era culpa de los pordioseros haber
nacido ansina! (Por eso Diosito los
castigaba con la pobreza en vida.)
De ahí que los pordioseros admiraban mucho
a los patroncitos chulos extranjeros y su mayor aspiración era algún día llegar
a ser como ellos. De ahí que con mucho
gusto los pordioseros imitaban y se enorgullecían de la ignorancia y falta de
cultura de los patroncitos chulos extranjeros.
Querían, en suma, ser igual de brutos.
También los pordioseros consumían con
avidez la misma comida jodida y cara de los patroncitos chulos
extranjeros. Se ponían rete bofos con
esas porquerías pero eso les hacía pensar que poco a poco llegarían a ser como
los patroncitos chulos extranjeros.
Igual los pordioseros se vestían imitando a los patroncitos chulos
extranjeros. Y con gusto los pordioseros
les decían a los patroncitos chulos extranjeros: “miren patroncitos, ya estoy
igual de gordo y pendejo que ustedes y ya soy anuncio ambulante con logotipos
de marcas en la playera y en el culo.”
Pero los patroncitos chulos extranjeros se
reían de ellos sin disimular su desprecio y les decían que eran demasiado
prietos para ser como ellos. Claro, esto
les calaba a los pordioseros. Pero aun así
seguían tercos y para consolarse se enorgullecían de los pordioseros del lujo
(que en su mayoría eran blanquitos) y aseguraban que esos ejemplos demostraban
que si era posible llegar a ser como los patroncitos chulos extranjeros.
Para convencer a los pordioseros que no tenía
caso que se rebelaran contra los patroncitos chulos extranjeros los pordioseros
de lujo les repetían siempre el mensaje que “…así son las cosas…no se podrán
cambiar…así lo quiso Diosito…” En efecto,
no solo deberían de aceptar el ser pordiosero sino que hasta deberían de estar
orgullosos de cumplir con un precepto divino. Diosito, en su gran sabiduría,
les decían los pordioseros de lujo que portaban sotana, había creado las moscas
y a los pordioseros. Y tal era su amor a ambos que creo muchos de estos. Y la razón de ser de los pordioseros era
servir a los patroncitos chulos extranjeros (la de las moscas cagarse en la
comida de los pordioseros para que aprendieran humildad estos). Esta es la palabra de Dios.
Para evitar que pensaran (cosa que no está
bien que un pordiosero haga) los patroncitos chulos del extranjero ordenaron
que se fueran cerrando las universidades.
¿Para qué estudias, les decían a los pordioseros, si nunca podrás
ejercer una carrera y de todas maneras te pagaremos limosnas? Y los pordioseros de lujo cambiaron las leyes
para que ahora la educación fuera toda de paga.
Como los pordioseros pos no podían pagar tal y sus hijos dejaron de ir a
la escuela. Pero no por ello los pordioseros
se quejaron. Después de todo, así sus
hijos crecerían igual de brutos e ignorantes que los patroncitos chulos
extranjeros.
Y la vida en ese país que alguna vez fue riquísimo y generoso se convirtió en un infierno. Muchos pordioseros se morían de hambre. Otros huían a las tierras de los patroncitos chulos extranjeros pero al final a donde quiera que fueran seguían siendo pordioseros. Los pordioseros que se quedaban en ese país que alguna vez había sido riquísimo y generoso no tenían más remedio que tratar de sobrevivir pidiéndoles limosna a los patroncitos chulos extranjeros y tratando de evitar que los pordioseros de lujo los madrearan.
Algunos pordioseros eran de armas tomar y
descubrieron que podían sacar mucho dinero vendiéndole yerbitas y polvitos a
los patroncitos chulos del extranjero.
De inmediato los pordioseros de lujo se apalabraron con ellos. “Mira,” les dijeron, “los patroncitos chulos
los protegerán solo necesitan mocharse y asegurarse que los patroncitos chulos
siempre tengan una dotación constante de talquito y yerbita. De lo contrario los patroncitos chulos usaran
a los pordioseros de uniforme para madrearlos”.
¡Por supuesto que los pordioseros de armas tomar aceptaron! Además, los patroncitos chulos extranjeros
vieron que podrían usar a estos pordioseros de armas tomar para intimidar al
resto de los pordioseros. Y asi fue como
los patroncitos chulos extranjeros se aseguraron que no les faltaran armas y parque
a los pordioseros de armas tomar.
Ese país que alguna vez fue riquísimo y
generoso tenía una historia y cultura milenaria. Pero los patroncitos chulos extranjeros
decidieron que había que comercializarla y adaptarla a sus gustos. Así fue que con mucho gusto se emplumaban los
pordioseros para bailarles bonito a los patroncitos cuando estos andaban
turisteando. Con mucho gusto los
pordioseros les mostraban las ruinas que habían dejado los ancestros de los
pordioseros (aunque los patroncitos chulos extranjeros se quejaban de que no
había aire acondicionado en las ruinas).
Y con mucho gusto los pordioseros aplaudían cuando había que derruir una
de esas ruinas jodidas para construir una tiendota de esas que pertenecían a
los patroncitos chulos del extranjero. Después
de todo, si los patroncitos chulos extranjeros no tenían historia ni cultura
pos los pordioseros, ¿por qué se merecían tener una?
Que entretenidos estaban los pordioseros
viendo la caja idiota. Con que
entusiasmo vitoreaban los pordioseros a 11 pordioseros en calzoncillos
correteando un balón. Animo, decían los
pordioseros, no hay que darse por derrotados, todavía podremos ir a dar las
nalgas al mundial (aunque los pordioseros sabían que nunca, en su triste vida,
podrían ir a una sede extranjera). Y
cuando demos las nalgas en el mundial demostraremos que si somos grandes,
decían los pordioseros, aplaudiendo a los pordioseros de calzoncillo.
A los pordioseros leer les daba hueva; era
mejor ver la caja idiota. Solo ahí
podían los pordioseros creerse blanquitos (las telenovelas y comerciales solo
mostraban escandinavos). También solo en
las telenovelas podían ellos superarse, llegar desde un rancho y llegar a
casarse con el hijo blanquito de un patrón.
Y si, si tenían mucha fe, podría entrar un vientecito y remediarles
todos sus problemas. No, pensaban los
pordioseros, leer era malo (así lo había aconsejado uno de los pordioseros de
lujo), la caja idiota era más agradable.
Además, los pordioseros que leían pronto le perdían el respeto a los patroncitos
chulos extranjeros. No, era mejor ser
ignorante y pendejo. Así les gustaba a
los patroncitos chulos extranjeros que fueran los pordioseros.
Pero por si las moscas, no fuera que uno de
los pordioseros fuera a leer en un descuido, los patroncitos chulos extranjeros
comisionaron a unos pordioseros rete pendejos para que escribieran libros de
“superación personal”. A través de la
caja idiota los patroncitos chulos extranjeros convencieron a los pordioseros
que estos libros les darían un aura de “intelectuales” y que eran aceptables. En esos libros se indicaba claramente que los que
deberían de cambiar eran los pordioseros.
Es decir, cambiar el mundo o mandar al diablo a los patroncitos chulos
extranjeros no era necesario. Todo
mejoraría si los pordioseros dejaban de comprar pirata o mearse en la calle o,
sobre todo, dejaban de faltarle el respeto a los patroncitos chulos
extranjeros.
En las elecciones los pordioseros con mucho
gusto votaban por el pordiosero de lujo que el patroncito chulo extranjero
había escogido para ellos. De ninguna
manera iban a ofender a los patroncitos chulos extranjeros votando por otro candidato y, además, de esa
manera les caería a los pordioseros una limosna de despensa, playera, o gorra. ¡Con que gusto se tomaban su foto los
pordioseros con una botarga del candidato!
Y si el candidato era todo un pendejo e ignorante pues era mejor. Después de todo los pordioseros admiraban lo
pendejos e ignorantes que eran los patroncitos chulos extranjeros.
Cuando un pordiosero se atrevía a
cuestionar por que las cosas eran ansina ¡si vieran el rencor y furia con que
lo trataban los otros pordioseros! De
ninguna manera iban a dejar que se ofendiera a los patroncitos chulos extranjeros,
no sea que se enojaran y ya no les dieran limosnas. Además, no querían que los pordioseros de
lujo de los patroncitos chulos extranjeros vinieran a madrearlos a todos parejo
con sus robocops.
Si, hubo muchos de estos pordioseros
rebeldes. Siempre andaban alborotando a
los otros pordioseros y hablándoles de libertad y llenándoles la cabeza de humo
y llenándolos de odio contra los patroncitos chulos extranjeros. Afortunadamente en cuanto surgía uno los
mismos pordioseros lo mataban. De
ninguna manera se le faltaría el respeto al patroncito chulo extranjero. Y al que no oyera razón se le enseñaría “a
respetar”.
Los patroncitos chulos extranjeros tenían
problemas en sus propios países.
Decidieron exprimir más y más la riqueza de ese país de pordioseros.
Para que los pordioseros trabajaran más
duro pasaron leyes para quitarles los últimos derechos laborales a los
pordioseros. Ahora estos trabajarían por
puras limosnas. Y tan bien amaestrados
estaban los pordioseros que ni protestaron.
Con tal de que los patroncitos chulos extranjeros estuvieran contentos
los pordioseros no se quejaban.
Luego los patroncitos chulos vieron que los
pordioseros eran nominalmente dueños de un tesorito. Los patroncitos chulos extranjeros les
ordenaron a los pordioseros de lujos que cambiaran las leyes para dárselo a
ellos. Y los pordioseros de lujo se
encargaron de convencer a los pordioseros que “era por su bien” el darle el
tesorito a los patroncitos chulos extranjeros pues ellos estaban demasiado
pendejos para aprovecharlo y que solo los patroncitos chulos del extranjero
sabían cómo hacerlo, y que, además, deberían vivir pobres y sufrir pues todos
sus sufrimientos tendrían recompensa en el cielo.
Los patroncitos chulos extranjeros se
fueron acabando poco a poco ese país que alguna vez fue riquísimo y
generoso. Los patroncitos chulos
extranjeros sacaron el esquisto o shale y al hacerlo convirtieron a todo el
país en una mina a cielo abierto. Los
patroncitos chulos extranjeros se acabaron los veneros del diablo, el tesorito,
para poder manejar sus trocotas con gasolina barata. Los patroncitos chulos extranjeros destruyeron
el maíz criollo con sus semillas Frankenstein.
Los patroncitos chulos extranjeros se acabaron el agua para hacerse unas
aguas negras que eran su bebida favorita.
Pronto ese país, que alguna vez fue riquísimo y generoso, ya no podía ni
siquiera alimentar a los pordioseros de lujo y menos a los patroncitos chulos
extranjeros.
Viendo todo eso, los patroncitos chulos extranjeros
se pelaron de regreso a sus países. La
mayoría de los pordioseros de lujo los siguieron pues habían logrado
agandallarse mucha riqueza sirviendo a los patroncitos chulos extranjeros. Solo quedaron los pordioseros de siempre,
muriéndose de hambre entre las ruinas de lo que antes fue ese país que una vez
fue riquísimo y generoso. Ah, pero eso
sí, los pordioseros estaban rete orgullosos de que los patroncitos chulos
extranjeros se hayan enriquecido, aun si ansina se destruyó ese país que alguna
vez fue riquísimo y generoso.
Fue así que ese país que alguna vez fue
riquísimo y generoso se convirtió en un yermo y se le empezó a conocer como la
fosa séptica del planeta. El único lugar
en ese país donde todavía había suelo fértil, capaz de dar vida, era en el
cementerio donde estaban enterrados los pordioseros rebeldes, los que tanto
habían pregonado en contra de los patroncitos chulos extranjeros. Tal era su amor por su patria que habian tenido en vida esos pordioseros rebeldes que sus cuerpos
y su sangre fertilizaban el camposanto y milagrosamente lo hacían florecer.
Los pordioseros oyeron de este milagro. Miles se dirigieron al cementerio donde se
habían enterrado los cuerpos de esos pordioseros rebeldes. En efecto, había fruta y hortalizas en
abundancia. Habían grandes árboles que
daban una sombra deliciosa (la mayoría del país ya era un desierto). Había manantiales que no habían sido
contaminados al extraer el esquisto. Había
todavía pájaros anidando en ese lugar. Y
habían hasta mariposas, muchas, revoloteando y coloreando el lugar. Y el aire que se respiraba no era toxico o
apestaba a mierda. ¡El lugar recordaba
lo que ese país de pordioseros alguna vez había sido!
Pues bien, los pordioseros estaban tan hambrientos que se acabaron luego luego las frutas y las hortalizas de ese cementerio donde dormían los pordioseros rebeldes. Como tenían frio, los pordioseros talaron los árboles frutales. Se cagaron y taparon los manantiales. Cazaron el último pájaro para comérselo. Y al no haber más de estos, también se comieron las mariposas. Pero aun así seguían con hambre.
Enloquecidos por el hambre, los pordioseros
abrieron las tumbas, sacaron los huesos y pocos pellejos de los cadáveres de
los pordioseros rebeldes, e hicieron con ellos una sopa. Pensaban que así no solo matarían el hambre
sino que también obtendrían la magia de estos y lograrían volver a hacer
florecer el lugar. Pero, como los
pordioseros no le tenían amor a su patria tal milagro no ocurrió. Lo único que resulto fue que los pordioseros
le agarraron gusto a los huesos y pellejos de sus compatriotas y se empezaron a
comer unos a otros.
Dios se indignó por la obscenidad en que se
había convertido ese país que alguna vez había sido riquísimo y generoso (el
peste del lugar llegaba hasta los cielos).
Dios ordeno a los ángeles sonar sus trompetas y los cerros se abrieron y
vomitaron magma cubriendo ese chancro sobre la faz de la tierra con basalto. Quedaba un último pordiosero vivo aunque ya
los ríos de lava lo tenían cercado. Tal
vez su vitalidad la había obtenido de la sopa de huesos y pellejos de los
pordioseros rebeldes que había consumido.
Al final, viendo la lava aproximarse y tal vez recordando lo que había
sido su patria alzo su mano al cielo y maldijo a Dios echándole en cara el
haber creado a los patroncitos chulos extranjeros y el haber escrito con su
mismo dedo tal destino horrendo para su patria.
A Dios le importo un carajo.
FIN
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